Correr sin pausa detrás de las obligaciones cotidianas suele operar como una eficaz maniobra defensiva: llenar la agenda de urgencias para eludir la cita con los propios pensamientos y afectos. Esta aceleración se alimenta de un mandato social falaz que promete que alcanzar un determinado estándar de éxito equivale automáticamente a la felicidad. En esa carrera incesante impuesta por el sistema, el individuo termina postergando su propio cuidado y sacrificando cualquier instante de oxigenación mental.
Frente a la inercia del rendimiento, celebrarse es generar un corte. Darse un tiempo para festejar hitos vitales —como el propio cumpleaños, la conquista de un título o un viaje que suspenda la rutina— restituye la dignidad de la existencia. Con frecuencia, sin embargo, la neurosis empuja a desestimar estas pausas bajo la excusa del cansancio o la premura: aprobar un examen o alcanzar una meta e inmediatamente abrumarse por lo que sigue, sin habilitar el festejo. Otorgar valor al rito de celebración resulta imprescindible, pues consumar un cierre simbólico es la condición necesaria para sembrar el terreno de nuevos comienzos.
Si bien los hábitos y las rutinas son indispensables para ordenar la vida cotidiana, el conflicto se instala cuando la vorágine enajena al sujeto de su propio deseo. Detener la marcha y brindarse un momento de reconocimiento no constituye una vanidad superflua, sino un acto ético de salud mental: una pausa indispensable para mirarse, respirar y no perderse en los laberintos de la furiosa rutina.
Mira la nota completa a continuación, y te invito a consultar el ensayo complementario «Furiosa rutina» al pie de esta publicación para continuar reflexionando sobre el tiempo propio y la celebración de los cierres.
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2 comentarios en “«Furiosa rutina: celebrarse como acto de corte y rescate subjetivo» | Entrevista en Salud Total”
Gracias siempre !!
Un tema muy interesante, en el cual uno se puede sentir identificado, ocupando como distracción el trabajo para no sentirse encerrado en la oscuridad que traemos en nuestra mente, o alejarse de esas celebraciones para no tener que convivir con las demás personas, pasar solo sin tomar importancia de lo que puede traer el día, como las bellas experiencias de la vida…
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