«Entre la máquina y el Abismo: la furiosa rutina o el terror al vacío»

Si hay una queja que unifica los discursos en el consultorio, sin importar la edad o la profesión, es el cansancio. Vivimos atravesados por lo que alguna vez llamé una «furiosa rutina». Las obligaciones cotidianas se han transformado en una carrera vertiginosa y asfixiante para llegar a cumplir con todas las demandas que nos impone el sistema.

Este aplastamiento no es exclusivo de quienes corren por las calles de Mar del Plata o Buenos Aires; es un síntoma global. Lo vemos retratado con una crudeza poética en series surcoreanas como My Mister o Mi diario de liberación. En las que el subte de Seúl opera como un indicador simbólico magistral: por un lado, es la red de arterias que conecta a la ciudad; por el otro, es el escenario de la alienación total. Vemos a la masa trabajadora viajando con la mirada perdida, colgados de las barandas, completamente vaciados. Viajan desubjetivados, devorados por la máquina. Y mientras tanto en Mi Diario de Liberación, asomando por la ventana a plena luz del día, un enorme cartel publicitario repite, casi con el tono de un dogma religioso, una frase que funciona como un significante implacable: «Hoy tendrás un gran día». Ese contraste entre el imperativo de gozar y ser feliz, frente al sujeto arrasado por la rutina, es la postal exacta de nuestra era.

Sin embargo, en el último tiempo, la escucha clínica me ha empezado a mostrar el reverso de este drama. Si la rutina feroz nos arrasa… ¿qué pasa cuando esa rutina desaparece? Lo que emerge es una angustia paralizante: la desesperación ante el vacío.

Los tres rostros del vacío

Cuando el andamiaje de la rutina se cae, o cuando nunca se logró construir, el psiquismo queda a la intemperie. Hoy veo este terror al vacío manifestarse en tres escenarios muy claros:

1. La juventud y el rechazo a la castración: Vemos cada vez más jóvenes —a quienes popularmente se encasilla como la «generación de cristal»— parados frente al mercado laboral o académico con un vacío vital gigante. Tienen el anhelo del éxito, pero no logran sostener el proceso. En la era de la satisfacción instantánea, el psiquismo se ha malacostumbrado a operar bajo un Principio de Placer absoluto, donde todo debe ser rápido y sin fricción. Cuando la realidad les exige esfuerzo, tiempo de espera y tolerancia a la frustración, chocan contra lo que en psicoanálisis llamamos la castración: la aceptación del límite. Al no soportar ese choque contra el Principio de Realidad, abandonan el proyecto, se desilusionan y caen en una apatía profunda.

2. La crisis de los treinta y la huida del deseo: También aparece en pacientes jóvenes-adultos que, tras unos años de inserción profesional, patean el tablero. Ante la primera crisis o estancamiento, la respuesta no es la elaboración, sino la ruptura total: largan el trabajo, desarman la pareja o se van de viaje sin rumbo. Jacques Lacan afirmaba que la angustia es el único afecto que no engaña. ¿Por qué? Porque mientras otros sentimientos pueden usarse como disfraces —nos mostramos enojados cuando en realidad estamos tristes, o sonreímos para ocultar el vacío—, la angustia nos arranca las máscaras. Aparece como una alarma visceral cuando estamos frente a frente con la verdad de nuestro propio deseo y la responsabilidad de sostenerlo en el tiempo. Frente a esa verdad ineludible que los ahoga, muchos eligen la fuga. Una huida desesperada para evitar enfrentarse a sí mismos.

3. La jubilación y el duelo por la insignia: El tercer escenario es el de los adultos mayores que llegan al retiro. Durante décadas, la furiosa rutina laboral les funcionó como un Ideal del Yo, un ropaje que les daba identidad y los sostenía. Al jubilarse, esa estructura desaparece de un día para el otro. Muchos llegan al consultorio desorientados, sintiendo que la vida ha perdido sentido. Lo que necesitan tramitar allí es un verdadero trabajo de duelo (Freud, 1917): elaborar la pérdida de ese personaje activo para poder retirar su energía vital de allí y alojarla en un nuevo deseo que los mantenga vivos.

El andamiaje del Deseo y el corte simbólico

Si la máquina nos aliena y el vacío nos aterra, el desafío clínico es construir un punto de equilibrio: una rutina que no sea una prisión, sino un andamiaje para el deseo.

El psiquismo necesita de una estructura y de repetición para no desbordarse. Pero para que esa estructura no se vuelva furiosa y nos enferme, debemos introducir lo que el mercado detesta: la pausa y el sentido.

Es vital encontrar bocanadas de oxígeno en nuestra cotidianidad. Ya sean espacios artísticos, deportivos o terapéuticos, necesitamos lugares que nos permitan «bajarnos del mundo» un rato para respirar y reconectar con nuestra libertad.

Pero, sobre todo, necesitamos recuperar los rituales. Vivimos con tanto apuro que saltamos de un proceso a otro sin permitirnos conmemorar las conquistas. Darle lugar al ritual de celebración es introducir un corte simbólico; un freno indispensable que detiene la maquinaria, habilita el cierre de una etapa, siembra nuevos inicios y le otorga verdadero sentido al esfuerzo invertido.

Ni engranajes de un sistema que nos tritura, ni sujetos a la deriva huyendo de su propio vacío. Al fin y al cabo, en este gran libro de la vida, recordar que celebrar es celebrarse a uno mismo sigue siendo nuestro mejor antídoto para mantenernos verdaderamente vivos.

Texto: Lic. Germán Rothstein

Imágenes: Gemini IA

📚 Referencias Bibliográficas

  • Freud, S. (1911). Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico [Principio de Placer y Principio de Realidad]. En Obras Completas, Vol. XII. Buenos Aires: Amorrortu Editores.
  • Freud, S. (1917 [1915]). Duelo y melancolía. En Obras Completas, Vol. XIV. Buenos Aires: Amorrortu Editores.
  • Lacan, J. (1962-1963). El Seminario, Libro 10: La angustia [La angustia como el afecto que no engaña]. Buenos Aires: Paidós.
  • Lacan, J. (1969-1970). El Seminario, Libro 17: El reverso del psicoanálisis [El imperativo de gozar y el Discurso Capitalista]. Buenos Aires: Paidós.

2 comentarios en “«Entre la máquina y el Abismo: la furiosa rutina o el terror al vacío»”

  1. EXCELENTE!! Felicitaciones al autor !!! Claridad y seguridad en los conceptos , que evidencian la experiencia del Psicólogo….. Se nota el manejo experto del Consultorio , para poder concluir definiciones claras y concisas de los problemas reales….

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