Análisis psicoanalítico de «Lo dejamos acá» (Darín y Peretti). Exploramos el furor curandis, el narcisismo y el estrago clínico del terapeuta omnipotente.
Bienvenidos a una sesión especial de La Clínica de la Ficción. Quienes acompañan este espacio saben que suelo abrir la puerta de mi consultorio para escuchar la historia de un personaje en el sillón. Pero hoy haremos una excepción: desde mi lugar de analista, vamos a interrogar qué sucede cuando el que pierde la brújula ética es el propio psicoanalista.
Hablemos de Lo dejamos acá, la película protagonizada por Ricardo Darín y Diego Peretti. Aunque se trata de una obra de pulso comercial y entretenimiento ágil, nos deja servida la radiografía perfecta de un estrago clínico. (Aviso: este análisis contiene spoilers).
La defensa omnipotente y el «Furor Curandis» Todo comienza con el trauma de la impotencia. Frente a la trágica muerte de un paciente, el analista Ulises (Darín) monta una defensa omnipotente: para tapar la angustia de sentir que la escucha «hace demasiado poco», pasa al extremo opuesto y empieza a «hacer de más». Abandona la abstinencia y cae en un constante acting out, manipulando en secreto la vida real de quienes lo consultan.
En la clínica, Sigmund Freud advirtió sobre esto bajo el nombre de furor curandis: el furor fanático por curar a cualquier precio, que no nace del amor al paciente, sino del narcisismo herido del terapeuta. Justificar estas intervenciones comparándolas con una «cirugía a corazón abierto» es un error ético brutal. Operar pasando por encima de la conciencia y los tiempos lógicos del sujeto no es curar; es desmantelar un aparato psíquico sin defensas.
Tiempos rotos y síntomas sustitutivos Cuando el analista actúa por el paciente, el paciente paga el costo. La película lo ilustra con crudeza: al forzar rupturas o enfrentamientos para los cuales el sujeto no tiene recursos simbólicos, el psiquismo queda desbordado. En la desesperación por no quedar a la intemperie, el paciente recurre a síntomas sustitutivos en acto (como reemplazar un marido por un desconocido de emergencia) porque le arrancaron el sostén de golpe.
El choque de narcisismos El clímax llega con el personaje de Peretti, un escritor exitoso atrapado en un bloqueo artístico y en el mito del «artista maldito» sostenido por el alcohol. El cruce entre ambos es un choque de narcisismos: el narcisismo vanidoso del escritor frente al narcisismo intelectual y soberbio del terapeuta, quien le roba su única valía creativa al escribirle la novela a escondidas.
El desenlace de esta historia es de una potencia simbólica extraordinaria. El forcejeo final, que deja al escritor sangrando en el piso mientras el vino tinto salpica y baña su enorme autorretrato, representa el derrumbe literal del espejo narcisista. Es el punto exacto donde el acting out termina en violencia real.
La verdadera clínica psicoanalítica está en las antípodas de esta historia. Analizar no es empujar al otro con los ojos vendados ni escribirle el guion de su vida. Es alojar la falta, soportar la angustia del no-saber y caminar junto al paciente, respetando el ritmo de sus propios pasos.
🎬 Mirá el análisis completo de este caso en el siguiente video:



