Frente al agobio de las rutinas cotidianas y el peso de las exigencias del mundo exterior, las ficciones operan como un alivio psíquico indispensable. Ya sea a través del fanatismo deportivo, la inmersión en videojuegos mediante avatares virtuales o el despliegue del ensueño diurno, el sujeto encuentra en estos relatos alternativos un territorio donde suspender momentáneamente las tensiones de la realidad.
El riesgo sobreviene cuando la fantasía deja de ser un respiro lúdico y cruza la frontera del exceso: allí la ficción corre el riesgo de mutar y derivar en un repliegue subjetivo. Al refugiarse de manera permanente en mundos imaginarios para evitar las responsabilidades o la angustia de elegir un rumbo, la persona queda atrapada en una desconexión que empobrece sus lazos y detiene su crecimiento en el plano real.
Como recordaba Ray Bradbury al señalar la necesidad de inyectarse fantasía para no morir de realidad, la clínica psicoanalítica no busca erradicar las ficciones, sino rearticularlas. El desafío consiste en transformar ese vuelo imaginario en una vía de sublimación y creación, permitiendo que la potencia del deseo encuentre un anclaje genuino en la vida cotidiana.
Mirá la entrevista completa a continuación, y leé el artículo complementario «Ficciones: irresistibles tentaciones» al pie de esta publicación para seguir profundizando en este enfoque.
Temática abordada: «Ficciones».
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