«¿Será hambre?: apetito, mente y mandatos» | Entrevista en Salud Total

En el lenguaje cotidiano solemos confundir dos registros bien diferenciados: el hambre biológico —ligado a la necesidad física del organismo— y el apetito de la mente, tributario del deseo, la afectividad y los conflictos inconscientes. Cuando se produce un desacople entre ambos planos y la mente desoye las señales corporales de saciedad, emerge la elocuente frase clínica: «tengo hambre con la cabeza».

Esta desregulación suele apoyarse en mandatos familiares y culturales introyectados desde la infancia, como la exigencia de «terminar todo el plato» o consumir sin freno lo que está sobre la mesa. En una sociedad donde el alimento funciona muchas veces como el objeto de placer y compensación más inmediato y accesible, la facilidad de acceso corre el riesgo de mutar rápidamente en exceso destructivo, intentando aplacar mediante la ingesta angustias o vacíos que pertenecen al orden de la palabra.

La encrucijada subjetiva se dirime entre comer o ser comido: nutrir el cuerpo desde un equilibrio vital o quedar atrapados en una voracidad insaciable que termina devorando la propia salud. La intervención analítica invita a reestablecer el diálogo con el cuerpo y desanudar los imperativos orales, habilitando una relación más armónica y consciente con el propio deseo.

Mirá la entrevista completa a continuación, y leé el ensayo complementario «¿Será hambre?» al pie de esta publicación para continuar explorando este tema.

Temática abordada: «¿será hambre?».

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