En los vínculos de pareja suele producirse una equívoca confusión entre el amor y la dependencia: la creencia de que si no somos indispensables para el otro, no somos realmente queridos. Este malentendido se enraíza en mitos culturales como el de la «media naranja», que sostiene una ilusoria fantasía de completud donde se pretende que el semejante funcione como un parche que colme nuestras carencias o que nuestra existencia justifique la suya.
Desde la perspectiva de Jacques Lacan, la falta estructural es consustancial al sujeto y no desaparece jamás, estemos o no en una relación. Por eso, cuando un vínculo se interrumpe y sobreviene el desgarrador «me hace falta», se devela que lo angustiante no es solo la ausencia de la persona amada, sino la repentina exposición a un vacío interior que creíamos haber obturado de manera definitiva.
El trabajo terapéutico apunta a salir de la repetición y de la demanda asfixiante para habilitar un encuentro sano y maduro. El verdadero acto de amar no radica en ser necesitado para sentirse completo, sino en asumir la propia falta, reconquistar el equilibrio interno y elegir compartir la vida con un otro a partir del deseo y la libertad subjetiva.
Mirá la entrevista completa a continuación, y leé el artículo complementario al pie de esta publicación, para seguir profundizando en este recorrido.
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