
En la actualidad, habitamos una cultura que parece haberle declarado la guerra a la tristeza. Bajo el imperativo de la positividad y la productividad implacable, el malestar se presenta como una simple falla técnica; un error de sistema que debe ser reseteado lo antes posible para volver a rendir. Sin embargo, desde la escucha clínica, sabemos que intentar silenciar el dolor es, muchas veces, silenciar la única verdad que el sujeto tiene para decir.
Afirmar que «está bien no estar bien» no es una simple consigna de autoayuda; es una verdadera posición ética frente a las exigencias de nuestro tiempo.
El mandato del mercado y la trampa del goce

A diferencia de la época de Sigmund Freud, donde el sufrimiento neurótico derivaba principalmente de la represión (lo que no se podía hacer), hoy el paradigma ha cambiado. El mercado actual no nos prohíbe, sino que nos empuja. Ha instalado un nuevo mandato que Jacques Lacan anticipó con una lucidez abrumadora en su Seminario 20: «Nada obliga a nadie a gozar, salvo el superyó. El superyó es el imperativo del goce: ¡Goza!».
Para entender el peso de esta frase, debemos aclarar algo fundamental: para el psicoanálisis, el goce no es el placer sereno ni la alegría. El goce es una satisfacción paradójica y oscura. Es ese empuje sordo a hacer aquello que sabemos que nos hace mal, pero que no podemos dejar de hacer; un lazo directo con la compulsión a la repetición. Todos sabemos conscientemente que estar sobreexigidos, hiperconectados y tratando de cumplir con cada demanda del mercado nos enferma. Sin embargo, el imperativo es tan fuerte que la rueda sigue girando y sentimos que no podemos bajarnos. El agotamiento crónico que vemos en el consultorio no es por trabajar demasiado el cuerpo, sino por el esfuerzo titánico de sostener la máscara de la felicidad inquebrantable.
El síntoma como diario de liberación

Frente a esta exigencia de rendimiento constante, ¿Qué es el síntoma? Freud lo definió formalmente como una «satisfacción sustitutiva» y una «formación de compromiso». Para traducirlo a nuestra vida cotidiana: el síntoma es una negociación psíquica de emergencia. Es el punto de acuerdo (a veces doloroso) entre lo que la realidad y el mercado nos exigen de forma implacable, y lo que nuestro psiquismo verdaderamente puede soportar.
Ese ataque de angustia, esa fatiga que nos ancla a la cama, o ese tropiezo que se repite, no es algo que deba ser extirpado quirúrgicamente. No es un error, es un mensaje. Como señala la clínica lacaniana, el síntoma es una verdad que intenta decirse cuando las palabras no alcanzan.
Cuando el cuerpo o la psique dicen «no doy más», están declarando una huelga frente al mandato del mercado. Permitirnos «no estar bien» es comenzar a escribir nuestro propio diario de liberación. Es abrir la puerta a una pregunta ineludible: ¿Qué me está queriendo decir este malestar?
El derecho a la opacidad y el valor de la pausa

En un mundo que nos empuja a ser figuras nítidas, transparentes y siempre dispuestas, aceptar nuestra propia difuminación es el primer acto de soberanía para recuperar nuestra identidad. A veces, la angustia nos obliga a detener la marcha, a bajar el ritmo y a habitar el silencio.
Sanar no es demoler nuestra historia ni anestesiar nuestras heridas. Sanar es desmantelar nuestras defensas rígidas piedra por piedra, permitiendo que la luz de la palabra entre en esas habitaciones oscuras de nuestra psique. Es transformar el grito ahogado en un relato que podamos nombrar.
Aceptar la propia fragilidad no es rendirse; es ganar en lucidez. Es entender que nuestra propia «falla», esa falta estructural de la que habla el psicoanálisis, es justamente lo que nos hace humanos, únicos y creativos. Porque solo cuando nos damos el permiso ético de no estar bien, es cuando realmente podemos empezar a estar mejor.
Texto: Lic. Germán Rothstein
Imagenes: Gemini IA
📚 Referencias Bibliográficas
- Sobre el sentido del síntoma: Freud, S. (1916-1917). Conferencias de introducción al psicoanálisis. Conferencia 17: «El sentido de los síntomas». En Obras Completas, Vol. XVI. Buenos Aires: Amorrortu Editores.
- Sobre el mandato de goce y el superyó: Lacan, J. (1972-1973). El Seminario, Libro 20: Aun. Buenos Aires: Paidós. (Clase 1: «Del goce»).
- Sobre el síntoma como verdad: Lacan, J. (1974). Televisión. Buenos Aires: Paidós.



