A veces, «hacerse el borroso» no es una caída estrepitosa, sino un mecanismo de defensa. Un análisis psicoanalítico sobre el síntoma como refugio frente a la angustia.
¿Alguna vez sentiste que tus bordes se empezaron a borrar? No me refiero a una crisis que hace ruido, sino a algo mucho más sutil: una difuminación lenta. Es esa sensación clínica donde te mirás al espejo de tu rutina y ya no te reconocés. Dejás de ser una figura nítida para convertirte en un garabato.
Pero en el psicoanálisis sabemos que el garabato no es un simple error de dibujo; es el testimonio visual de un Yo que ha perdido sus contornos para protegerse. A través de los aportes teóricos de Jacques Lacan y su «Estadio del Espejo», en este primer encuentro de la Clínica del Garabato pasamos por el diván esa fragilidad que nos habita cuando nuestra identidad se desvanece.
Descubriremos por qué, ante el dolor, la falta de nitidez funciona como un castillo defensivo, y cómo la mirada de un otro que no juzga es el único puente capaz de rescatarnos del caos para devolvernos a la palabra.
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