«La Clínica del Garabato: El arte de no desvanecerse»

Hay momentos en la vida donde los bordes que nos definen parecen traicionados por una goma de borrar invisible. No es una caída estrepitosa, sino una difuminación lenta. Es esa sensación clínica donde el sujeto ya no se reconoce en el espejo de su cotidianeidad y empieza a percibirse, ya no como una figura nítida, sino como un garabato.

El espejo roto y el cuerpo fragmentado

Para entender por qué nos sentimos «desdibujados», debemos volver a los cimientos de nuestra identidad. Jacques Lacan nos hablaba del Estadio del Espejo: ese momento fundacional donde un niño, que se percibe a sí mismo como un caos de impulsos y miembros desorganizados (el «cuerpo fragmentado»), se ve reflejado y —gracias a la confirmación de un Otro— asume una imagen unificada.

Esa imagen nítida es nuestro primer «traje» psíquico. Pero, ¿qué pasa cuando ese espejo se triza? Cuando la angustia nos desborda o los marcos de nuestra realidad se caen —como los muros de un Castillo Maldito—, regresamos a esa sensación de fragmentación. El garabato es, entonces, el retorno de ese caos original; es el testimonio visual de un yo que ha perdido sus contornos.

“Contornos se pierden, una figura que se desfigura, otro a quién le importa la mira… y al ver su apariencia la completa, la rescata…”

El garabato como defensa

Desde mi perspectiva en el Universo PsicoRosty, sostengo que el garabato no es un error del dibujo, sino un refugio. Cuando la realidad se vuelve insoportablemente rígida o dolorosa, «hacerse el borroso» es una forma de no ser capturado, de no ser lastimado.

Sin embargo, el riesgo de la difuminación es el desvanecimiento total. En la clínica, vemos a diario personas que llegan «hastas de percibirse como un garabato», buscando que alguien, finalmente, les devuelva una mirada que les dé consistencia.

La mirada que rescata: El acto analítico

¿Cómo se recupera la nitidez? No es un proceso de «autofoco» solitario. Así como en la poesía que guía este texto, se requiere de un Otro a quien le importe.

El acto analítico —y también el acto artístico— funciona como esa mirada que no juzga el trazo confuso, sino que lo contempla hasta que el garabato empieza a decir algo. Cuando el garabato se vuelve palabra, la figura se rescata de desbaratarse en un soplido.

Hacia una nueva estética del Yo

Aceptemos que, a veces, ser nítidos cansa. Pero no permitamos que el borrón nos devore. Despleguemos las ideas, permitámonos despeinarnos y habitar nuestras zonas grises, siempre y cuando mantengamos un pie firme en ese deseo que nos nombra.

Porque entre tanto humo y vaivén, una mirada sentida es lo único que nos devuelve la forma.

«Nota de autor: El presente trabajo constituye una actualización y expansión clínica de los conceptos presentados originalmente en el ensayo Di-fuminada (2019), articulándolos hoy con la Clínica de la Ficción y la teoría del Estadio del Espejo».

«P.D.: ¿Querés ver cómo este análisis cobra vida visual? No te pierdas la versión en video en mi canal de YouTube, donde la carbonilla y la clínica se encuentran».

Texto: Lic. Germán Rothstein

Imágenes: Gemini IA

Referencias Bibliográficas:

Lacan, J. (2009). El estadio del espejo como formador de la función del yo [1949]. En Escritos 1. Buenos Aires: Siglo XXI Editores. (Referencia fundamental para la idea de la imagen unificada frente al caos).

Winnicott, D. W. (1971). El papel de espejo de la madre y la familia en el desarrollo del niño. En Realidad y juego. Barcelona: Gedisa. (Aporta la base para «la mirada del Otro que rescata»).

Rothstein, G. (2019). Di-fuminada: Una mirada sobre la imagen y el decir. Universo PsicoRosty. Disponible en: https://www.decir-es.org/di-fuminada/

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