Hace unos días compartí en este mismo espacio un escrito sobre los vínculos contemporáneos y cómo la promesa de acceso inmediato al otro, paradójicamente, nos está dejando profundamente solos.
Hoy quiero invitarlos a dar un paso más y llevar este ensayo al formato audiovisual. En esta nueva sesión desde el consultorio, analizamos de frente cómo la vitrina inagotable del mercado digital asfixia el deseo, y por qué la pantalla se convirtió en nuestro escudo predilecto para evitar la fricción de lo Real.
Los invito a acomodarse, poner en pausa el scroll infinito y acompañarme en esta reflexión:
Como siempre, el diván queda abierto en los comentarios. ¿Sienten que la pantalla se transformó en un escudo en sus relaciones?



