Si en otras épocas el cuerpo fue vigilado bajo el prisma religioso del pecado, en la actualidad queda capturado por la tiranía de la mirada digital. El mercado y las pantallas imponen el estereotipo de un cuerpo ideal y perfecto, transformando la corporalidad y la propia imagen fotográfica en un mero objeto de consumo masivo regulado por la visibilidad y el rendimiento estético.
A través de los filtros de las aplicaciones, la época alimenta la fantasía de la eterna juventud , abriendo un abismo de sufrimiento subjetivo cuando la imagen que devuelve el espejo desmiente ese ideal retocado. En esta lógica, la existencia parece condicionada a la validación cuantitativa de los likes y seguidores, empujando a una hipervisibilidad que borra peligrosamente los límites entre lo íntimo y lo público.
El desfasaje entre el cuerpo real y la exigencia virtual suele desencadenar crisis de angustia y diversos padecimientos somáticos o alimentarios. Frente a la alienación de vivir exclusivamente para la mirada ajena, la apuesta analítica propone salvaguardar un espacio de reserva: entender que no todo es mostrable y devolverle la primacía al propio sentir por sobre el espejismo del parecer.
Mira la entrevista completa a continuación, y lee el ensayo complementario al pie de esta publicación, para profundizar en las consecuencias subjetivas de la imagen contemporánea.
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