«¿Cuándo ir a un psicólogo?: el valor de una escucha distinta, el cuerpo que habla y el propio deseo» | Entrevista en Salud Total

Durante décadas, la consulta psicológica estuvo cercada por el estigma social y el prejuicio de que la terapia estaba reservada exclusivamente para la locura. Hoy asistimos a una concepción mucho más flexible y necesaria: acudir al analista responde al impacto que las tensiones de la vida cotidiana provocan en el psiquismo. Muchas personas logran identificar con claridad el motivo de su sufrimiento pero descubren con impotencia que no pueden resolverlo por sí mismas; otras tantas atraviesan un profundo dolor anímico sin comprender su origen inconsciente. En ambos casos, el desahogo con amigos o la familia resulta insuficiente: emerge allí la demanda de una escucha distinta, un dispositivo profesional objetivo, despojado de juicios y prejuicios familiares, capaz de alojar la singularidad del padecer.

Frente a la tradición ortodoxa del diván —cuyo encuadre clásico favorece la asociación libre al suspender la mirada— y a diferencia de los modelos directivos focalizados únicamente en la conducta presente, el psicoanálisis contemporáneo propone un abordaje dinámico: un espacio donde se abren preguntas para recorrer la historia del sujeto, sus identificaciones y las vicisitudes de su deseo. Esta labor clínica acompaña todas las etapas de la vida: desde la infancia temprana, donde el juego y el dibujo operan como el lenguaje privilegiado para nombrar lo que aún no tiene palabras, hasta la adultez. En este recorrido, el secreto profesional garantiza un territorio de absoluta confidencialidad, recordando una premisa ética elemental frente a las resistencias del consultante: ocultar algo en sesión no es engañar al terapeuta, sino entrampar el propio avance ante uno mismo.

Los motivos para iniciar un tratamiento abarcan desde la angustia generalizada y los ataques de pánico hasta las urgencias del dolor: en la adolescencia, las autolesiones y cortes en el cuerpo suelen irrumpir como un desesperado intento de acallar en la carne un vacío interno insoportable. Asimismo, cuando el sufrimiento no encuentra cauce en la palabra, el aparato anímico recurre al síntoma somático —caída del cabello, afecciones dermatológicas o vulnerabilidad orgánica—, confirmando que el cuerpo habla lo que el sujeto calla. La labor analítica no busca imponer soluciones forzadas; abre un tiempo fecundo para tramitar el malestar en transferencia, interrogar las marcas biográficas y reorientar la existencia hacia la autenticidad del propio deseo.

Mira la entrevista completa a continuación (desde los 3 minutos y 16 segundos, a 12 minutos y 10 segundos), y te invito a consultar la publicación complementaria «Espacio de Atención Psicológica: “¿cuándo ir a un psicólogo?”» al pie de este post para conocer en detalle las características y modalidades del dispositivo terapéutico.

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