El proyecto editorial y clínico Decir-es nació a partir de un acontecimiento íntimo en la práctica analítica. Frente a una encrucijada en la terapia con una paciente adolescente, una intervención escrita a modo de regalo terapéutico provocó un movimiento anímico transformador. La propuesta de aquella joven de hacer público el texto inauguró un canal inédito de transmisión: trasladar las resonancias del consultorio al territorio digital bajo estricto anonimato, transformando las redes sociales no en una vidriera de consumo, sino en una herramienta genuina de apoyo, reflexión y escucha comunitaria. Esa chispa inicial trascendió rápidamente las fronteras y convocó a diversos artistas de la región —iniciando el movimiento Decir-es Latinoamérica— para entrelazar la ilustración pictórica con el ensayo psicoanalítico.
Esta convergencia entre el psicoanálisis y la creación artística cobra un valor decisivo frente a los límites de la palabra. En momentos de dolor indecible o angustia desbordante, tanto a niños como a jóvenes y adultos les resulta sumamente complejo nombrar en el lenguaje verbal la intensidad de lo que padecen. Allí es donde el arte —en el dibujo, la música o la escritura poética— opera como una vía regia de expresión alternativa: aloja la emoción contenida y abre una puerta para que el dispositivo analítico pueda leer, resignificar y poner en palabras lo que el cuerpo y la emoción venían manifestando en silencio. A su vez, para los adolescentes contemporáneos, ver alojadas sus producciones en la web inscribe una marca subjetiva en su propio espacio de pertenencia.
En el abordaje con jóvenes, el trabajo clínico requiere una maniobra de delimitación precisa. Las entrevistas preliminares con los padres resultan indispensables para pesquisar la trama histórico-familiar y detectar aquellas identificaciones en espejo o mandatos que el adolescente repite de forma inconsciente o contra los cuales pugna por rebelarse. No obstante, la eficacia del tratamiento reside en fundar un territorio soberano: garantizar al joven que el consultorio es un espacio propio, a resguardo de miradas parentales invasivas o sobreprotectoras. Amparado bajo el rigor ético del secreto profesional, el adolescente halla la seguridad indispensable para desarmar sus miedos, desplegar su singular diferencia y habilitar el curso del propio deseo.
Mira a continuación la entrevista completa (desde los 2 :35 minutos a 10 : 30 minutos), y te invito a recorrer las publicaciones y ensayos de Decir-es para continuar explorando este cruce fundacional entre la palabra, la imagen y la experiencia subjetiva.



