«Intimidad a distancia: ¿por qué le huimos al cuerpo del otro?» | Entrevista en Salud Total

La hiperconexión contemporánea y la proliferación de aplicaciones han transformado profundamente las coordenadas de la sexualidad: hoy el acceso a la corporalidad del otro parece resolverse a un solo clic de distancia. Sin embargo, esta inmediatez acarrea un costo psíquico: al suprimirse los tiempos de espera y el paulatino lazo afectivo, se produce una banalización de la sexualidad . Cuando la oferta visual se vuelve incesante, se anula la falta y el enigma indispensable para sostener la chispa del deseo.

Este repliegue frente a la exigencia del encuentro se plasma en nuevos modos de convivencia, como la elección de estar juntos pero separados —evitando el peso de lo cotidiano y el compromiso de la crianza por temor a la propia vulnerabilidad—, o en la proliferación del erotismo bidimensional y el sexting. Detrás del cristal del teléfono se erige una trinchera de resguardo: se exhibe una imagen pulida y sin fisuras, intentando mantener bajo un control artificial las demandas imprevisibles del semejante.

No obstante, la pantalla extirpa aspectos sensoriales insoslayables como el registro olfativo y la textura carnal del otro, tornando la presencia viva casi en algo disruptivo o incómodo para quien se acostumbró a la distancia aséptica. Frente al miedo a exponer las propias inseguridades y dejarse afectar por la alteridad, la clínica analítica invita a deponer las corazas virtuales para atreverse a la verdadera intimidad del encuentro real.

Te invito a mirar la columna completa a continuación, y consulta el artículo complementario «Intimidad a distancia» al pie de página.

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