Columna de opinión publicada en la revista Noticias (Editorial Perfil) en enero de 2024, bajo el título «¿Será hambre?».
En este artículo, el Lic. Germán Rothstein profundiza en la distinción clínica entre el hambre biológico y el apetito emocional, señalando cómo la comida suele transformarse en la gratificación de más fácil alcance para amortiguar tensiones subjetivas. Cuando «el hambre de la cabeza le gana al de la panza», la mente desoye los límites del organismo e impone una voracidad desmedida bajo la fantasía de tener que consumirlo todo, invisibilizando las necesidades corporales y derivando en malestares físicos y culpa.
El texto examina el circuito adictivo donde el consumo opera como un objeto anestésico: se come «lo no dicho, lo no nombrado», con el riesgo simbólico de que el sujeto termine devorando su propio cuerpo. Asimismo, se analizan los costos subjetivos del exceso, donde la capacidad económica de acceder a cualquier producto deja de ser un privilegio para convertirse en un padecer que atrapa al individuo.
Frente a la encrucijada de «comer o ser comido», se propone reinstaurar el registro del propio cuerpo y el principio de realidad. Asumir que la completud es ilusoria y que «algo siempre va a faltar» constituye un indicador fundamental de salud psíquica, permitiendo desarticular las fantasías devoradoras para que el alimento recupere su función nutricia sin engullir la vida emocional del sujeto.
(A continuación se comparte el registro gráfico testimonial de la columna publicada en Revista Noticias).







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