“La intimidad a distancia: vínculos virtuales y el eclipse del deseo”

El mercado de la disponibilidad constante

Hoy en día, encontrarse parece más fácil que nunca. Las aplicaciones prometen el acceso inmediato al cuerpo del otro, la sexualidad se ha vuelto una moneda corriente, accesible a un solo clic.

Sin embargo, en la trinchera del consultorio escuchamos el síntoma inverso: nunca antes fue tan difícil sostener una conexión emocional, y paradójicamente, el deseo parece eclipsarse. Cuando el sexo se vuelve un imperativo tan disponible, pierde su misterio; se desvanece la gramática de la seducción.

Vivir solos, juntos

Asistimos a un cambio de modelo vincular donde el resguardo del propio espacio se vuelve una trinchera innegociable. Parejas que eligen sostener el lazo desde hogares separados, jóvenes que (atravesados también por la hostilidad económica de la época) mudan el encuentro físico hacia la pantalla.

El sexting y el erotismo bidimensional reemplazan la fricción del cuerpo a cuerpo. Pareciera que satisfacer la necesidad desde lo virtual es un modo cínico, pero seguro, de evitar los accidentes de lo real.

El miedo al desborde

No tener hijos, no convivir, no arriesgar. Cada uno intenta resguardar su parcela frente a compromisos que se perciben como inafrontables. El repliegue no es egoísmo; es la defensa de un sujeto que se siente al límite de sus recursos emocionales y económicos, y que prefiere la tibieza de una conexión regulada por el algoritmo antes que el riesgo de ser desbordado por la presencia del otro.

La asfixia de la falta

Desde el psicoanálisis entendemos que el deseo humano no se alimenta de la abundancia, sino de la falta. Como enseñaba Jacques Lacan, el deseo es siempre el deseo de lo que hace enigma, de aquello que no se posee por completo.

Cuando el mercado digital ofrece una vitrina inagotable que promete taponar cualquier vacío de forma inmediata, el deseo sencillamente se asfixia. No hay tiempo para la espera, se anula el misterio y no hay espacio para la falta; y sin falta, el sujeto se apaga emocionalmente.

El rechazo de lo Real

El síntoma que irrumpe hoy en el diván es la profunda soledad de los hiperconectados. La pantalla funciona como un escudo perfecto frente a lo impredecible del semejante, frente a lo Real del cuerpo del otro, que demanda, que frustra, que huele y que duele.

El desafío clínico de nuestra época no pasa por demonizar la tecnología, sino por ayudar al sujeto a interrogar ese terror al encuentro. Porque, en definitiva, evitar los accidentes y las fricciones del amor es también vaciarlo de vitalidad. Solo tolerando la angustia que genera la falta de garantías, y asumiendo el riesgo de nuestra propia vulnerabilidad, es posible que el deseo vuelva a encenderse y dé lugar a una intimidad verdadera.

Texto: Lic. Germán Rothstein.
Imágenes: Gemini IA

Lecturas y referencias que inspiraron este texto:

Alemán, J. (2016). Horizontes neoliberales en la subjetividad. Grama Ediciones.

Bauman, Z. (2005). Amor líquido: Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Fondo de Cultura Económica.

Freud, S. (1930). El malestar en la cultura. Amorrortu Editores.

Han, B.-C. (2014). La agonía del Eros. Herder Editorial.

Lacan, J. (1962-1963). El Seminario, Libro 10: La angustia. Paidós.

Lacan, J. (1964). El Seminario, Libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós.

"Otras resonancias de este Universo"

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