“Cicatrices: ¿Es posible cambiar el pasado?”

Sigmund Freud introduce el concepto de acción diferida o re-significación, que se refiere a un proceso en el cual experiencias, impresiones o huellas de memoria son revisadas en un momento posterior a su ocurrencia.

Lo crucial aquí no es que el sujeto «recuerde» algo que olvidó, sino que esas huellas adquieren un sentido y una eficacia psíquica (a menudo traumática) que no tenían en el momento original.

La estructura suele seguir estos pasos:

  • Tiempo 1 (Suceso original): Ocurre un evento que el niño presencia pero que no puede procesar ni comprender porque carece de la madurez para darle sentido. En este momento, el evento es «neutral» o no produce trauma.
  • Tiempo 2 (El disparador): Años después, ocurre un nuevo suceso o el sujeto alcanza una nueva etapa del desarrollo (como la pubertad). Este nuevo contexto permite que la huella del Tiempo 1 sea re-interpretada.
  • El Efecto: Es en este segundo tiempo cuando, retroactivamente, el primer evento se vuelve traumático. El trauma no está «allá atrás», sino en el choque entre la memoria antigua y la comprensión nueva.

La relectura de Lacan: El Après-coup

Jacques Lacan rescató este concepto y lo situó en el centro de la experiencia analítica.

El pasado no es algo estático o inamovible. A través de la palabra en el análisis:

  1. El sujeto resignifica su historia.
  2. El «sentido» viaja hacia atrás en el tiempo: el final de una frase determina el sentido de las primeras palabras.
  3. Se rompe el determinismo biográfico: no somos simplemente «el resultado de lo que nos pasó», sino de cómo significamos hoy eso que nos pasó.

“Corteza de vida”

“Heridas que no pueden ser nombradas, arden en tu mundo interno,

lastimas la piel de tu cuerpo, sumergiéndote un rato en tu infierno.

Dolores en tu alma, que cada tanto anestesias con pastillas,

intento de silenciar esos pensamientos con los que repetidamente te humillas.

Tu mente intenta hacerte trampa, el Superyó despiadado y poderoso se apodera de tus pensamientos, inundándote de culpas y remordimientos.

Poco a poco busca ayuda y anímate a decir, cuestionando las trampas de tu mente, reconstruye tu propia historia, sé valiente como ese árbol que cicatriza sus marcas con la sabiduría de la naturaleza, generando poco a poco alrededor de su herida una nueva corteza”.

Esta «nueva corteza» es el resultado de la resignificación: el sentido nuevo que protege y permite al árbol y al sujeto seguir creciendo, integrando las marcas, en lugar de quedar detenido en ella.

«Girar el espejo: El arte de sanar la mirada antigua»

En la práctica clínica, la Resignificación no es una abstracción, sino el motor de la cura. Lo vemos con claridad en el caso de una paciente de 40 años que llega a consulta atrapada en una paradoja dolorosa: a pesar de que el mundo exterior le devuelve hoy un gran reconocimiento por sus logros, ella se siente una impostora.

La lógica de las dos marcas

Para entender su sufrimiento, debemos desglosar la temporalidad de su historia:

  • El Tiempo 1 (La huella muda): En su infancia, existió una constante falta de mirada y reconocimiento por parte de sus cuidadores. En aquel entonces, eso no fue un «trauma» con nombre; era simplemente la realidad, una marca de indiferencia inscripta en su psiquismo como un vacío.
  • El Tiempo 2 (El disparador presente): Irónicamente, es el cariño actual lo que despierta el dolor. El reconocimiento externo actúa como un reflector que ilumina la herida antigua. Aquí es donde el Superyó tirano toma el control: utiliza esas huellas de «no ser mirada» para inundarla de culpa y remordimientos, susurrándole que «no merece» lo que tiene. La culpa le otorga un «sentido de verdad» a su desvalorización pasada, desmintiendo su crecimiento actual.

El acto de la Resignificación: el trabajo analítico consiste en permitir que la paciente, a través de la palabra, logre finalmente girar el espejo.

Al historizar su dolor en las sesiones, aquel «no haber sido mirada» deja de ser una sentencia sobre su propia incapacidad para convertirse en un relato sobre las limitaciones de quienes la rodeaban. Ella descubre que la falta de reconocimiento no era un vacío en su ser, sino una ceguera en los otros.

Es en ese instante donde se produce el après-coup: el pasado no ha cambiado, pero su sentido se transmuta. Al nombrar la carencia antigua, el Superyó pierde su facultad de castigar. La herida de la indiferencia comienza a rodearse de esa corteza firme de la que habla el poema: una sabiduría que integra la marca del pasado para fortalecer el tronco del presente. Ya no necesita que la miren para saber que existe; ahora se mira ella, habitando su propio brillo.

La Palabra como Tejido

En el consultorio, estas marcas psíquicas se escuchan una y otra vez en la historia de cada paciente. Esto se evidencia en sucesos presentes del mundo exterior, que son sentidos con una intensidad emocional desproporcionada: “No sé por qué me angustia tanto esto que pasó, no tiene sentido”.

Además, aquellos eventos del pasado con una intensa carga de dolor, que el paciente en su discurso manifiesta “tenerlos superados”, en presencia de un acontecimiento presente del orden de lo traumático, se actualizan en su sufrimiento.

Una especie de “temblor psíquico” genera que las cicatrices de esas heridas del pasado “comiencen a sangrar”.

Ante esto, se trabaja sobre el suceso actual, “viajando hacia el pasado en el discurso”, para intentar resignificar y elaborar esas huellas dolorosas.

Las marcas del pasado influyen al sujeto, pero no lo determinan para siempre. La historia de cada uno, se significa y resignifica, construyéndose día a día.

Texto: Lic. German Rothstein.


Imagen generada con Gemini IA.

Recopilación de datos: Gemini IA

Bibliografía de referencia:

  • Freud, S. (1918 [1914]). De la historia de una neurosis infantil. Amorrortu Editores, Vol. XVII.
  • Lacan, J. (1953). Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis. En Escritos 1. Siglo XXI Editores.

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