“Armaduras de diseño: la imagen como refugio en la era de la pantalla 2D”

La tiranía de las dos dimensiones

Vivimos en una época donde la existencia parece validarse en el plano de una pantalla bidimensional. Lo que se muestra, vale; lo que brilla, cotiza.

En ese imperio de la mirada externa, la imagen ha dejado de ser una elección estética para convertirse en una armadura obligatoria. Nos calzamos trajes, discursos y estéticas según las circunstancias exijan, construyendo una fachada de poder y pertenencia. Quien no logra sostener la facha, queda excluido.

El vestuario y el gadget en el diván

En la clínica actual, el analista no solo escucha la palabra; también lee los ropajes. Es sumamente interesante observar, especialmente en el público femenino, cómo el vestuario funciona muchas veces como una distancia defensiva. Producciones visuales despampanantes, elecciones textiles que buscan capturar y deslumbrar la mirada del otro.

En relación a los hombres, este fenómeno suele desplazarse hacia los objetos de consumo, como los autos o la tecnología (gadgets como smartwatches y smartphones). Hace poco, un paciente de 20 años relataba: “Yo todos los años cambio el celular y el reloj, todo en iPhone”. Ante esto, le señalo: “Claro, tu Apple Watch es muy llamativo, habría que pensar qué representa para vos. Por ejemplo, ¿Qué sucedería si de pronto tenés que bajar del ecosistema de Apple a otra marca como Xiaomi o un Galaxy de Samsung?” Sin titubear, elevando el tono de voz y riendo, responde: “Me corto los huevos”. Una referencia clínica tan literal como contundente a la angustia de castración; perder la marca es perder la imagen que le otorga valía.

No se trata de vanidad o de la utilidad real del dispositivo: es el intento desesperado de construir un borde rígido, una coraza de diseño que proteja un mundo interior que se siente frágil, vulnerable o directamente roto.

Simulacros de acero

Detrás de cada armadura simulada hay un dolor que busca amparo. Mientras la época sobrevalora el rendimiento y la autosuficiencia, los afectos reales y la fragilidad quedan relegados a un plano oculto, casi clandestino.

El desafío del análisis no es destruir esa armadura a la fuerza, sino alojar al sujeto que la habita, permitiéndole, de a poco, desprenderse del personaje para empezar a hablar desde su propia vulnerabilidad.

La investidura del semblante

Desde la perspectiva analítica, este fenómeno nos remite directamente al orden del semblante y a la constitución misma del Yo. Jacques Lacan, en su tesis sobre el Estadio del Espejo, nos enseña que el Yo se estructura a partir de una identificación alienante con una imagen exterior que siempre se presenta más completa, firme y unificada de lo que realmente se siente por dentro.

La armadura de diseño no es más que la radicalización de este mecanismo: ante la vivencia interna de fragmentación, desamparo o quebranto, el sujeto se aferra a la consistencia de la facha exterior. La ropa y la imagen se vuelven ortopedias psíquicas que intentan velar la castración y sostener un Yo idealizado frente a la mirada devoradora de los demás.

Desarmar la coraza sin romper al sujeto

El peligro de habitar una coraza impecable es quedar atrapado e inmovilizado por ella. En una cultura hipervisual que empuja al simulacro, la belleza y el poder estético se usan como muros para no hacer saber nada del sufrimiento. Se monta un show de autosuficiencia donde mostrar la hilacha se vive como una derrota catastrófica.

Por eso, el espacio analítico plantea una política diferente a la del mercado de la imagen. La clínica del caso por caso, no empuja a desmantelar las defensas de prepo ni a arrebatarle su coraza de un plumazo; una armadura que se arranca a la fuerza puede dejar la piel en carne viva.

El objetivo es ofrecer una escucha que aloje aquello que la fachada no dice, propiciando el tiempo y la confianza necesarios para que el sujeto pueda, por fin, empezar a aflojar los remaches de su armadura.

Solo cuando la mirada del otro deja de ser una amenaza, la máscara puede ceder, permitiendo que emerja la palabra verdadera y que el dolor empiece a tramitarse sin necesidad de simular acero.

Texto: Lic. Germán Rothstein.

Imágenes: Gemini IA

Lecturas y referencias que inspiraron este texto:

Bauman, Z. (2007). Vida de consumo. Fondo de Cultura Económica.

Han, B.-C. (2013). La sociedad de la transparencia. Herder Editorial.

Lacan, J. (1949). El estadio del espejo como formador de la función del yo. En Escritos 1. Siglo XXI Editores.

Lacan, J. (1957-1958). El Seminario, Libro 5: Las formaciones del inconsciente. Paidós.

"Otras resonancias de este Universo"

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