
La ansiedad se ha consolidado como la «enfermedad mental predominante» en el mundo actual. Sin embargo, desde una perspectiva psicoanalítica, debe ser entendida no solo como un diagnóstico descriptivo, sino como la capa sintomática de una perturbación afectiva más profunda: la angustia.
Es importante diferenciar entre la ansiedad (estado de preocupación o miedo generalizado), y la angustia (afecto primario, no ligado a una representación específica).
Las exigencias incesantes de la sociedad capitalista fuerzan al Yo a una posición defensiva permanente, donde la incapacidad de simbolización y la acumulación de excitación psíquica encuentran su vía de expresión en el síntoma corporal o en la angustia.
El malestar en la cultura actual es la presión omnipresente por el rendimiento, evidente tanto en el ámbito laboral como en el académico. Esta ansiedad de rendimiento, lleva a una inquietud mental constante, a la anticipación pesimista de lo peor y a dificultades severas de concentración.
A esto se suma, una inmediatez digital, una prisa constante y sobrecarga informativa que contribuyen a problemas cognitivos y trastornos generales. La exigencia de estar siempre «disponible» o de responder rápidamente impide el necesario tiempo de espera psíquico para la elaboración y simbolización de los estímulos.
En el contexto digital, el otro se reduce a una «imagen», no es interpelado por la palabra, sino validado por un like.
“Sigmund Freud y la angustia”

“La Neurosis de Angustia” (Primera Tesis, 1894)
Desde el punto de vista sintomatológico, predomina la angustia en forma de crisis, o expectación ansiosa. Etiológicamente, en la histeria, se caracteriza por la acumulación de excitación sexual, que se transforma directamente en síntoma, sin mediación psíquica.
Esta neurosis carecía de conflicto psíquico. La angustia no era un resultado de la represión de una idea, sino una descarga somática provocada por la deficiencia sexual o la excitación bloqueada.
Predomina una angustia masiva, sin objeto claramente manifiesto. Esta teoría resuena fuertemente en la actualidad. Los síntomas centrales de los Trastornos de Ansiedad Generalizada (TAG), como la inquietud, la tensión muscular y las alteraciones del sueño, así como la intensidad fisiológica de los ataques de pánico, remiten a esta neurosis de angustia original.
“La Angustia Señal” (Segunda Tesis, 1926)
Tras la introducción de la segunda tópica y la revisión de la teoría pulsional, Freud invierte la relación causal entre represión y angustia. En la Angustia Señal, la angustia ya no es la consecuencia de una represión fallida, sino la señal de peligro que el Yo emite de forma preventiva. Esta señal, que funciona a bajo umbral, alerta al Yo sobre la amenaza de repetición de un instante traumático (peligro de castración, pérdida de amor, pérdida del objeto) y activa los mecanismos de defensa (la represión).
Esta conceptualización madura otorga a la angustia una función psíquica y simbólica. Ya no es una descarga automática, sino una reacción anticipatoria ligada al conflicto intrapsíquico. Freud establece un doble origen de la angustia: aquella que proviene directamente del instante traumático, y aquella que opera como señal de que la repetición de dicho instante amenaza al sujeto.
La aceleración social y la inmediatez digital están revirtiendo la primacía de esta Angustia Señal al dificultar el proceso de simbolización. Para que la angustia funcione como señal, el aparato psíquico necesita tiempo y espacio para la elaboración. La cultura de la inmediatez y la saturación informativa impiden esta ligazón psíquica. En consecuencia, la excitación acumulada, se precipita en el cuerpo. La sintomatología se acerca peligrosamente a la Neurosis de Angustia original, manifestándose en la hiperactivación neurovegetativa (taquicardia, presión arterial alta, sudoración excesiva, mareos y problemas digestivos) y los síntomas difusos del TAG.
“El Malestar en la Cultura”
En este escrito, S. Freud piensa a la angustia como parte del precio estructural de la civilización. Para vivir en comunidad, el ser humano debe realizar una renuncia pulsional masiva, especialmente de su instinto agresivo (Tánatos).
Esta agresividad reprimida no desaparece, sino que es internalizada y se transforma en el Superyó cultural, generando un sentimiento de culpa y malestar estructural. Cuanto mayor es la renuncia exigida por la civilización, mayor es el sentimiento de culpa y el malestar difuso.

Esta formulación es fundamental para la crítica de la hiper-modernidad. La sociedad actual convierte este malestar colectivo en un problema de ansiedad individual o un trastorno que debe ser «gestionado”, pudiendo culpar al individuo por su incapacidad para adaptarse y no autorealizarse constantemente. El Yo debe ser un emprendedor de sí mismo, capaz de rendir, ser exitoso y feliz simultáneamente.
“La Crisis del Lazo Social: Angustia, Tecnología y Desamparo”
La angustia en la actualidad se exacerba debido a la fragilización del lazo social simbólico, un fenómeno íntimamente ligado a la cultura de la imagen y la inmediatez.
El sujeto no interpela al otro, simplemente lo mira o le da un like. Esta forma de interacción no constituye un verdadero lazo social, lo que genera un aumento en la sensación de desamparo.

En este contexto, la angustia se presenta a menudo de forma difusa, sin una causa aparente, sostenida por la imposibilidad de establecer vínculos que incluyan el deseo y su sostén ante los tiempos y las diferencias propias y del otro. El sujeto queda atrapado en el dilema de la necesidad de exhibirse (narcisismo digital) y el profundo temor a no ser suficiente para la gran masa anónima. El narcisismo digital no es un exceso de amor propio, sino una dependencia del reconocimiento externo, donde la inseguridad aumenta al ritmo del intento de complacer a una audiencia inagotable.
“Ataques de Pánico y Angustia de Fragmentación”
Los ataques de pánico representan la manifestación más dramática y somática de la angustia no ligada, caracterizados por síntomas físicos intensos como taquicardia, temblores, dificultad para respirar y dolor en el pecho.
Desde la perspectiva psicoanalítica, estos episodios se entienden como la culminación de la Neurosis de Angustia (descarga automática de excitación que no pudo ser simbolizada). Adicionalmente, se asocian a la angustia de fragmentación, que se produce cuando el estrés o una sobrecarga traumática rompe esta fachada narcisista, y se traduce en la descarga somática del pánico.
Aquellas cuestiones no resueltas en la historia de cada sujeto, se suman a un contexto que abruma por una gran crisis social, económica y cultural.
Tambalea el mundo exterior, siendo difícil “hacer pie”, en un gran estremecimiento interno.
“Mi cuerpo está quieto, pero siento que tiembla por dentro”
Significativa expresión, referencia de un sufrimiento que va más allá de lo visible. Temblores de un cuerpo que no se ve, pero que se siente fuera de control.
Desesperación por no poder encontrar calma, una mente que se acelera con ideas que se imponen y agitan el alma.

“Noches agitadas”
En la cama cuerpos giran, “poseídos” por la ansiedad.
Mentes no frenan, cadenas de pensamientos se tornan infinitas en sus repeticiones, carcomiendo como el picoteo de un pájaro carpintero.
Noches de insomnio eternas, búsqueda constante de una paz que se escapa.
Querer decir y no poder, gritos silenciosos que se ahogan en una angustia intensa.
“Algunas palabras sobre un momento sin palabras”
En el consultorio, en ocasiones esta ansiedad se siente y se hace presente sin que el paciente pueda poner palabras.
El decir en una mirada, ojos brillan y destellan.
El tono de una voz, un discurso duda y se quiebra.
Tensión de un cuerpo, manos y pies se agitan, uñas se muerden y desgarran.
Dedos se entrecruzan y suenan, llenando sus chasquidos el silencio de lo todavía no dicho.
Algunas palabras sobre un momento sin palabras, de expresiones no audibles pero escuchadas.
“Mar de palabras: respirar es posible”
Ansiedad, voraz incendio ahoga por dentro, palabras derramadas inundan el ambiente en un intento desesperado por buscar la calma.
Ante esto, comienzan a abrirse preguntas a modo de oxigenación, que invitan a la persona lentamente a poder escuchar, brindando un cauce y un ritmo discursivo con pausa.

Interrogar el sufrimiento, rompiendo el encierro con cambios de escenarios, recuperando el dominio de la propia mente.
No se trata de eliminar la angustia, sino de ligarla. Simbolizar la excitación acumulada, transformando la Neurosis de Angustia en Angustia Señal.
Resignificar el papel de la ansiedad, cuestionando las formas de vida actuales, permitiendo a cada persona, un tiempo de espera necesario, que permita aprender a surfear esas oleadas de ansiedad, en un reencuentro con el propio deseo y sentir.
Texto: Lic. Germán Rothstein
Imagen de portada: Pixabay
Imágenes generadas con Gemini IA
Recopilación de datos: Gemini IA
Referencias Bibliográficas:
S. Freud, “Inhibición, síntoma y angustia” (1926)
S. Freud, “El malestar en la cultura” (1930)
J. Laplanche y J. Pontalis, “Diccionario de Psicoanálisis (1993)


