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“Ansiedad: Mar de palabras, des – bordes sentidos”

Momentos de ansiedad, seres inundados de hacer, noches en la cama donde cuerpos giran y giran, mentes que no frenan de pensar, cadenas de pensamientos que se tornan infinitas en sus repeticiones, poco a poco carcomen como el picoteo de un pájaro carpintero. Noches de insomnio eternas, búsqueda constante de una calma, calma que mientras más se busca, más se escapa.

Cuestiones que no dependen de uno, se escapan de control, situaciones que frustran. Querer gritar y no poder, gritos silenciosos que se ahogan en una angustia intensa. Cómo sacar afuera aquello que inquieta?, comida que se ingiere sin hambre, uñas que se desgarran, ansiedad oral que se come el mundo interior, angustia que bloquea y desborda los sentidos…
Un cuerpo que no da más, pide frenar pero no es escuchado. Frente a un dolor interno no registrado, no tenido en cuenta, el cuerpo se enferma. Freno obligado desde el cuerpo, freno momentáneo hasta reponerse físicamente. Pero la ansiedad no calma, y continúa danzando de modo inquietante en el mundo interior de cada sujeto.
En el consultorio, en ocasiones esta ansiedad se siente y se hace presente sin que el paciente pueda poner palabras. “Algunas palabras sobre un momento sin palabras:
El decir en una mirada, ojos que brillan y destellan.
El tono de una voz, un discurso que duda y se quiebra.
Tensión de un cuerpo, manos y pies que se agitan.
Dedos llevados a la boca, uñas que se muerden y desgarran.
Dedos que se entrecruzan y suenan, llenando sus chasquidos el silencio de lo todavía no dicho.
Manifestaciones que sin querer dicen, pedidos de ayuda de aquellas personas que todavía no encuentran la manera de poner en palabras esas emociones que sienten y los invaden.
Algunas palabras sobre un momento sin palabras, de expresiones no audibles pero escuchadas, percibidas y sentidas”.
Ansiedad, voraz incendio interno que ahoga por dentro, un mar de palabras inunda el consultorio en un intento desesperado por buscar la calma, e intentar apagar las llamas de ese fuego sofocante e inquitante. Palabras derramadas y desbordadas sin cauce, inundación de un discurso acelerado sin control.
Poco a poco preguntas que comienzan a abrirse, un sujeto que comienza lentamente a poder escuchar, palabras que comienzan a seguir un cauce, un ritmo discursivo con pausa.
Tiempo de espera necesario en el decir, posibilidad de comenzar a unir el decir con el sentir. Algunas palabras sentidas se tornan importantes y significantes, la angustia se interrumpe, momentos de calma a partir de palabras recortadas en un gran mar de palabras.

Lic Germán Rothstein

Firmado por: SAFE CREATIVE, S.L.. A fecha: 20-jun-2017 1:26:26 UTC
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